¿Cuándo tenemos que hacernos una revisión ginecológica?

Todavía existe cierto tabú, incomodidad, pereza, angustia… Diferentes sensaciones negativas surgen en la mente de las mujeres cuando piensan en un chequeo ginecológico. La mayoría de las cuales vienen de la mano de ideas preconcebidas, falta de información y la sensación de no poder depositar toda su confianza en un médico especialista en ginecología.

Es lógico que la visita al ginecólogo suscite preocupación para muchas mujeres. Es algo que va más allá del “pudor”. Dejar en manos de otras personas su cuerpo, y especialmente todo lo relativo a su sexualidad y aparato reproductor, no puede tomarse a la ligera, ni mucho menos. La sensación de “vulnerabilidad” en las pacientes es algo que hay que tener muy presente en la práctica ginecológica profesional.

Por ello, es fundamental encontrar un ginecólogo profesional, con gran experiencia a sus espaldas y que además transmita la seguridad y confianza que una paciente necesita en estas circunstancias.

Una idea lamentablemente muy extendida es: “¿Para que voy a ir al ginecólogo si estoy bien?” O, en relación a la cuestión de cuándo se debería ir al ginecólogo por primera vez: “No es necesario ir antes de haber tenido el primer hijo”. O: “Si no se han mantenido relaciones sexuales, no es necesario ir al ginecólogo.” ¡Conceptos totalmente erróneos!

A continuación analizamos por qué es importante realizar revisiones periódicas y cuándo debería acudirse, realmente, al ginecólogo por primera vez. ¡Atentas, que comenzamos!

Mi primera vez en el ginecólogo: ¿a qué edad debería acudir?

Dejemos de lado prejuicios y estigmas: el ginecólogo es un médico especialista que salvaguarda nuestra salud. Esto es algo que debemos tener sumamente presente. Lo que especialmente queremos decir con ello es que la idea de la atención temprana y la prevención debe estar siempre en primera línea.

No podemos esperar para ir al ginecólogo a un momento concreto y específico que sea equivalente para todas las mujeres por igual. Cada mujer tiene su tempo y su ritmo particular en sus ciclos. Sin embargo, en términos generales, una mujer debería realizarse por primera vez una revisión ginecológica en su adolescencia, entre los 13 y los 15 años.

Y, a partir de ese momento, lo ideal es realizar una revisión periódica anual. Teniendo en cuenta, por supuesto, que todo está dentro de lo normal y no existen afecciones o problemas que requieran de una atención mucho más frecuente.

Desde que la mujer inicia su etapa activa sexualmente; esto es, desde que tiene relaciones sexuales por primera vez, debería esperar una media de entre dos o tres años para incluir las primeras citologías en su rutina de supervisión anual.

En ningún caso hay que esperar a experimentar ninguna molestia o síntoma desagradable para acudir a la consulta del ginecólogo. Como ya anticipábamos, la prevención debería forma parte de nuestra vida. Es de vital importancia, de hecho.

¿Cuándo tenemos que hacernos una revisión ginecológica?

Y a partir de ese momento, ¿cómo deberían ser mis revisiones ginecológicas?

No nos importa repetirnos, porque esta idea es muy importante: la finalidad de las revisiones ginecológicas es prevenir cualquier tipo de problema del aparato reproductor femenino. Por ello, y si todo está dentro de los parámetros normales, deben realizarse una vez al año.

Una revisión ginecológica puede detectar precozmente, por ejemplo, cualquier tipo de cáncer genital. Y, en términos menos preocupantes, el ginecólogo resolverá todas nuestras dudas e inquietudes sobre anticoncepción, salud sexual, hábitos de higiene íntima, planificación familiar, etc.

En términos genéricos, las citas periódicas anuales con nuestro ginecólogo suelen consistir en:

  • Evaluación de nuestra historia clínica.
  • Exploración física, que incluye revisión de las mamas: si se considera conveniente, bien por antecedentes familiares, predisposición genética o porque se detecte alguna anomalía, se citará a la paciente para una mamografía.
  • Examen pélvico: que incluye examen externo de la vulva, examen interno con espéculo para chequear el cérvix y examen interno manual para palpar los órganos internos.
  • Citología: procedimiento para extraer una muestra del fondo vaginal y del cérvix o cuello del útero; que sirve para detectar cualquier tipo de infección o determinadas anomalías pre-cancerosas o lesiones como el virus del papiloma humano (VPH).
  • Ecografía vaginal, en caso necesario.
  • Ecografía pélvica, en caso necesario.

Los especialistas solemos recomendar que las mujeres mayores de 35 años incluyan siempre en sus citologías un test específico del citado virus del papiloma humano.

Tampoco podemos olvidar que nuestras citas periódicas con el ginecólogo no pueden acabar con la menopausia. Precisamente, como ya hemos visto en otros artículos, la menopausia y el climaterio son periodos de la vida de la mujer que requieren de revisiones, chequeos y acompañamiento ginecológico. Precisamente para tratar y paliar las posibles complicaciones asociadas, como la atrofia y la sequedad vaginal o las pérdidas de orina.

El factor hormonal es sumamente significativo: la producción de estrógenos marca la diferencia en la salud ginecológica de la mujeres. Por ello, el ginecólogo también se encargará de revisar este factor para prevenir y tratar cualquier tipo de anomalía vinculada.

Y, por supuesto, ante cualquier señal de alerta, hemos de acudir el ginecólogo. Coincida o no con nuestra revisión anual. Por ejemplo, ante las siguientes circunstancias:

  • Irregularidades en el ciclo menstrual.
  • Dismenorrea o dolor agudo relacionado con la menstruación.
  • Flujo vaginal con color, textura u olor anormal o sospechoso.
  • Picores, molestias o dolor en la zona vaginal.
  • Sangrado en la orina y/o molestias al miccionar.
  • Algún bulto sospechoso en la mama.
  • Cualquier sospecha de posible ETS (enfermedad de transmisión sexual).
  • Antecedentes familiares de cáncer de útero o cáncer de mama.

Cualquier duda o consulta, por mínima que parezca, es importante para nosotros. Pide cita previa, ¡y cuida de tu salud reproductivo-sexual!